DEL INSTINTO A LA INTUICIÓN 

Trabajar la intuición es tratar con más conciencia lo que está más próximo a nuestro conocimiento. 

Está más lejos de nosotros conocer la intuición que el instinto, que es aquello más cercano a lo animal en nosotros. Vamos a llegar a la intuición reconociendo que abandonamos el instinto, aquellas fuerzas naturales que con el tiempo han ganado espacio en nuestra vida influenciándonos y a las cuales nos hemos ido entregando por comodidad. Ir renunciando a todo esto, a  la comodidad de dejarnos llevar por el viento y comenzando a estar más atentos a ver por dónde vamos, va afinando la intuición.

El instinto es esa parte aún animal en nosotros que, como espíritu de grupo, busca conducirnos. Ese espíritu de grupo, en el caso de la humanidad, se le conoce como egregor. Éstos son entidades inteligentes que surgen a partir de determinados comportamientos grupales. 

El camino hacia la intuición

Seguir la intuición como individuos nos aparta de esos grupos y de lo que vamos distinguiendo como tóxico o dañino. No nos apartamos cuando alguien nos lo dice, sino  cuando entendemos cómo estamos viviendo, que no queremos eso para nuestra vida y que no es bueno para nosotros  ni para los demás.

Cuando decidimos llevar esto adelante, haciendo lo que entendemos que corresponde, estamos abriéndonos a la intuición. Para el cielo hemos tomado la decisión de ser un individuo dentro de la masa, que decide sobre su propia vida distinguiendo lo que está bien de lo que está mal y esforzándose por hacer lo que está bien. 

Este hecho -simple de entender pero no tan simple de llevar adelante-, va alimentando nuestra intuición. Empezamos a distinguir la abismal diferencia que hay entre la conducta a partir del instinto de supervivencia que llega a nosotros, y la intuición que podemos llegar a tener al percibir con delicadeza. En la medida en que dedicamos más tiempo a la intuición, todo se va clarificando cada vez más.

La voz de una conciencia superior

En un principio, la intuición puede llegar como un pensamiento que no sabemos si fue propio, de dónde provino o si llegó cuando estábamos quedándonos dormidos. No sabemos distinguir el origen, pero sí distinguimos que llega desde fuera esa voz que habla a la conciencia. Es la voz de una conciencia superior, la voz del Padre. Cuando esa voz de orden celestial nos habla, nos lleva a prestar atención, a seguir como guía a esta intuición, dejando de atender ciertas conductas.

Por desatención, nos dejamos llevar por los vientos que soplan y parece que eso es ser inteligente, no poner resistencia, “dejar que fluya”. Pero ¿a dónde nos dirigimos?, ese lugar concreto al que estamos yendo, ¿es un lugar para poder vivir el resto de nuestra existencia? Podemos sentirnos mejor, pero ¿vamos a estar mejor? 

Nos encaminaremos hacia la intuición a medida que podamos distinguir el instinto, cuando veamos que somos “animales de costumbres”. Eso es el instinto, acostumbramos a hacer cosas que nos resultan fáciles y por esto volvemos a repetirlas. 

La intuición nos habla de superación y atención constantes para mejorar a cada momento. No es mejorar cómo nos sentimos o lo que vamos a obtener,  sino lo que hacemos y lo que podemos dar y para ello hay que poner atención. Si mejoramos lo que damos, seguro que será mejor lo que vamos a obtener, que no siempre será para nosotros, porque el ego va desapareciendo. Vamos a obtener un amor más puro, así como un servicio más desinteresado para poder llegar a los demás. 

Entender nuestro instinto y entrenar nuestra intuición.

El instinto es con lo que convivimos la mayor parte del tiempo y no se trata solo de entregarnos a la intuición desentendiéndonos del instinto. Debemos entender lo que se vive en ese dejarse llevar por el viento, respecto a  lo que se vive en aquel lugar en donde se toma la decisión del camino por el que se transita y de las acciones apropiadas en cada momento. 

Andar por el sendero apropiado implica distinguir cuándo, desplegar las velas, cuándo tomar los remos o tirar el ancla. 

Es saber distinguir el viento a favor para moverse y desplegar las velas para que ese impulso se sume en favor nuestro y aprovecharlo para acelerar ese proceso de avance. Cuando soplan vientos cruzados o de frente debemos tirar el ancla, porque esa fuerza nos lleva a retroceder, a volver a viejos hábitos, costumbres o lugares. 

Otras veces, cuando no sopla el viento, no se trata de esperar el viento adecuado, sino de salir del lugar en el que estamos haciendo un esfuerzo distinto, implica remar y es una constante para seguir avanzando. 

Se trata de ver cómo estamos, si estamos remando, si vamos hacia el lugar que corresponde o vamos detrás de un sueño. Ver si queremos alcanzar promesas o lo que entendemos correcto. Disponernos a rever planes que probablemente hicimos hace tiempo y que seguimos ciegamente, tal vez nos damos cuenta que en realidad no es lo correcto o lo mejor. Toda esa actitud de prestar atención a lo que estamos haciendo, es ser individuos conscientes. 

Individuos conscientes.

Un individuo consciente no es el Buda encarnado, es una persona que se está concientizando cada día de muchos aspectos de su vida. Cada vez se hace más consciente porque va descubriendo más de sí mismo. Porque la consciencia no es sólo descubrir lo que hay fuera de nosotros, sino también lo que hay en nuestro interior, y a partir de allí percibir mejor lo que hay fuera. 

Un individuo que se está haciendo consciente, es un individuo que está trabajando para refinar su intuición, ese contacto de corazón a corazón. El corazón del individuo, trabajando con el corazón de Dios, que también está trabajando. En ese contacto intencional que se está buscando, también se busca renunciar y dejar atrás para siempre ese “animal de costumbre”. Se comienza a ser ya un individuo, un humano que toma decisiones a cada momento. 

Cambiamos constantemente como la naturaleza. 

No todos los días son iguales. Hay días en los que sopla más o menos viento, otros días está calmo. A veces amanece muy caluroso; a veces más fresco. Hay días un poco nublados y otros, tormentosos.

Si la naturaleza vive cambiando, ¿Por qué nosotros queremos hacer siempre lo mismo, organizar y estructurar? La naturaleza cambia porque hay fuerzas que la llevan por esa vía de movimientos, nosotros tenemos que entender la naturaleza superior que nos lleva a querer superarnos pero que necesita de nuestra conciencia para tomar decisiones. 

El Padre supervisa la naturaleza en su manifestación, pero nosotros somos imagen y semejanza del Creador y tenemos que supervisar nuestra naturaleza y ordenarla. Cuando la naturaleza nos dirige, no hay conciencia del individuo, no hay posibilidad de que la intuición se haga presente y a través de ella llegue a nosotros, de una manera más o menos clara, un mensaje superior. Porque en ese estado de dejarnos llevar por la naturaleza, lo más sencillo es obedecer al instinto y hacer lo que la mayoría de la masa hace para estar lo mejor posible. 

Para llegar a perfeccionar la intuición, hay que partir por reconocer y ser lo más conscientes posibles del instinto, aquello que nos lleva a hacer por conveniencia, por costumbre, por imposición, por modas, es decir, por naturaleza, aun sin saber si es lo mejor, pero, es lo que nos resulta más cómodo. 

Comprender y poner orden

Si apareciera, en la vida de una persona que se deja llevar por su instinto, un mensaje de la intuición; le haría daño. Una persona no entiende de lo que habla la intuición si no comprende el mal que hay en muchas de las cosas que hace por instinto. Poner orden, es parte de una lección que se tiene que tomar para poder pasar a la otra.

Podemos verlo como dos aulas. Estamos en el aula del instinto y tenemos que aprender todo lo que hay para aprender. Lo que se genera en nosotros, lo que nos conduce a hacer y cómo somos inducidos a actuar por el ambiente que nos circunda. Aprender nos permite tomar decisiones y ocupar el lugar que entendemos correcto. 

A partir de tomar decisiones por entendimiento, es que la intuición se activa. Es la propia decisión dentro del libre albedrío que me conduce a percibir con más claridad y con más conciencia lo que llega a mi vida. Lo entiendo, lo acepto y no lo cuestiono porque he entendido cómo vivía y ahora puedo entender aquello que viene de lo alto. 

Extraído del programa Amor por la Radio- 19-06-21 . Click aquí para escuchar el programa

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