Una Vida juntos

Artículos - 23 de mayo

Alguien definió al matrimonio como una cosa de dos. Hay que llevarlo juntos, es entre dos personas.

El noviazgo debería servir para conocerse. Por una cuestión de naturaleza hay una atracción entre dos perso­nas, encontrando una en la otra algo que espera, el hombre en la mujer, la mujer en el hombre. Eso los lleva a atraerse, a buscar conocerse más profundamente.

El conocerse profundamente tiene que ver con conocerse interiormente. Cuáles son las cosas que les gustan y quieren con sinceridad, cuántas tienen que cambiar, si necesitan ayuda o pueden solos. Tratar de crecer juntos a través de compren­derse, y en unión amorosa llevar adelante una vida juntos desde un amor sincero y en noviazgo, para conocerse y no engañarse. Muchas veces se oculta lo que verdaderamente se piensa, porque hay otras intencio­nes, otros intereses.

El sexo tiene que ver con la procreación.

Hoy está presente, con mucha fuerza, la intención de con­seguir el encuentro sexual más que conocerse.

Esto, siempre estuvo presente en el varón. Él fue quien gobernó el planeta y la mujer debió someterse. De hecho hoy sigue siendo igual en cuanto a que él sigue teniendo ese deseo e intención.

¿Cómo se lleva esto ade­lante si es desde ese lugar? ¿Qué es lo que los está uniendo? Si lo que me hace sentir bien con una persona es lo que las fantasías me dictan en la cabeza, estas no vivirán eternamente conmigo, lo harán solo un tiempo, entonces en un momento no amaré más a esa persona, pero eso no tiene que ver con el amor.

El sexo tiene que ver con la procreación. Donde no está la intención de procrear no debería ser común que se presente en la vida. Está en la naturaleza del cuerpo y del espíritu de cada uno la necesidad que pueda tener. Si lo lleva adelante de la forma que lo entiende, en la medida que profundice en el amor y lo vea cada vez con más pureza, va a dejar de estar necesitando, egoístamente, una satisfacción personal.

Cuando se tiene la necesidad de una satisfacción personal, muchas veces, hay uno que tiene el deseo y otro que se somete. Es difícil que ambos tengan la misma nece­sidad y deseo en el mismo momento. A veces se da pero no es algo común. Es allí donde hay roces, enfrentamientos, y donde no está presente una ley na­tural impulsada desde el espíritu.

Las leyes naturales impul­san a pasar por ese encuentro en el mo­mento en que la necesidad de ambos es de procrear. El Amor está pidiendo tomar forma a través de un cuerpo.

Tal vez el individuo que habita ese cuerpo del cual yo me enamoré no llena mis expectativas espirituales para formar una pareja, pero me atrae su forma. Tal vez esa forma tiene vida desde un ser que no es el adecuado para que llevemos adelante una vida juntos.

Alguien definió al matrimonio como una cosa de dos. Hay que llevarlo juntos, es entre dos personas. Es muy difícil, no debería tomarse tan a la ligera. Es algo serio.

Las energías que se generan desde la fuente de amor puro crean vida amorosa, no egoísta.

La energía opuesta

La mayoría de las personas no pueden estar solas, tienen la necesidad de tener a alguien al lado. En general es del sexo opuesto, porque de esa manera se sienten bien, compensados. Esto se debe a que el otro sexo es quien aporta la energía opuesta que equilibra a la propia. Tenemos que aprender a estar en paz con nuestra propia energía sin te­ner esa dependencia física.

Si conseguimos estar en esa paz, podremos tener la necesidad de formar una pareja para marchar juntos, pero ya no tendrá que ver con lo sexual ni con la búsqueda del equilibrio de energías, sino que es una compañera, un compañero, con el cual llevar adelante una vida.

Es toda una experiencia para cualquier espíritu marchar con alguien con quien se sienta unido amorosamente, lle­vando adelante situaciones que son persona­les y otras que tienen que ver con la pareja. Esto puede enriquecer mucho o, como pasa normalmente en el mundo, puede dañar.

Esa unión amorosa es porque hay un amor que necesita compensarse con el de otra persona para sen­tir juntos la grandeza plena de ese amor. Desde lo de uno hasta lo que está en el otro, llevándolo adelante unidos. Pero lo tenemos que entender ambos, tiene que haber un co­nocimiento de lo que es un noviazgo, en donde no hay que ocultarse nada.

El no ocultarse no implica hablar cosas irre­verentes y desnudarse sobre cuestiones que son íntimas, personales, sino sincerarse sobre las co­sas que hay que cambiar y mostrarse tal cual se es. Desde ese lugar saber y reconocer que hay cosas que debo modificar y tener la disposición de hacerlo para cre­cer en el amor.

Sea que me toque estar solo o en pareja, debo buscar sinceridad para que el noviazgo tenga sentido. No ocultar ni callar por no ofender, por no mo­lestar, por no dañar, ilusionados de que ya se dará cuenta y cambiará, evitando hablar para no ocasionar reac­ción.

Tenemos que hacer las cosas bien y conocernos tal cual somos, sabiendo que tenemos que cambiar porque no somos perfectos. Tener los oídos y el corazón abiertos a escuchar, reconociendo si lo que me dicen es justo y correcto y lo tengo que cambiar. La otra persona deberá comportarse de la misma forma, para que juntos podamos crecer.

El noviazgo nos lleva a conocer­nos profundamente para ver si estamos en condiciones de llevar una vida juntos.

Hay personas que al verse sintieron amor y pudieron unirse en un corto lapso de tiempo, siendo el amor realmente lo que los unió. Más allá de no conocerse físicamente, ni en su debilidad o fortaleza, en sus defectos o virtudes, se reconocieron desde el amor y ese amor los hace vivir una vida juntos sin tener problemas. Puede haber diferencias que se enfrentan de una manera u otra, pero no hay nada que debilite el amor en sí.

Es toda una experiencia para cualquier espíritu marchar con alguien con quien se sienta unido amorosamente, lle­vando adelante situaciones que son persona­les y otras que tienen que ver con la pareja.

La transmutación de energías.

Las energías sexuales se están generando constante­mente. Si nos encuentran con el ego de la lu­juria activo, son canalizadas en búsqueda del placer. Si uno va quitando la lujuria de su vida, no evita que dicha energía se genere.

Cuando uno quita ese ego y comienza a trabajar sobre el cambio en su personalidad, a través de la atención en sostener y conquistar la luz quitándole poder a la oscuridad; esa energía generada dentro del cuerpo, se utiliza y canaliza hacia el trabajo interno y comienza a fer­tilizar todo aquello que es virtud en la vida, porque estamos trabajando para eliminar el defecto. De esa manera transmuta­mos la energía en el acto de trabajar.

Si lo hacemos buscando un placer personal estamos alimentando el defecto.

Siempre, lo más práctico es poner la mayor atención po­sible en nuestra vida diaria a lo que tenemos que hacer con el amor más puro. De esa manera no está presente el amor lujurioso o egoísta.

Las energías que se generan desde la fuente del amor puro, las energías sexuales que traen vida, crean vida amorosa, no egoísta. Uno mismo las está canalizando conscientemente en sus tareas, en su tra­bajo, a través de su atención.

De esta manera no le prestamos atención y tiempo a evitar que las energías se vuelquen en un encuentro, atendiendo lo que quiere la mente, que es solo un bienestar para el cuerpo y para el ego. No es el cuerpo lo único que se alimenta por la satisfacción que obtiene, antes de llegar al cuerpo pasó por la mente que empezó a imaginar, a vivir o a procesar esas energías, obteniendo sus satisfacciones.

No es solo en lo físico, en todos los otros planos también se está derra­mando la energía. Da inicio desde un plano mental en donde se le da espacio y cabida a todo eso, para que en un momento llegue a lo físico.

Si uno lo quita de su cabeza, porque entiende que no tiene sentido canalizar energías hacia ese lugar, pues son derramadas a la tierra, comienza a guardarlas e inver­tirlas en un crecimiento interno.

Tenemos que aprender a estar en paz con nuestra propia energía sin te­ner esa dependencia física.

Daniel Ferminades