La escuela de la vida

en Fragmentos02 de abril

Repetir vidas egoístas nos lleva a generar deudas

No venimos a la escuela a divertirnos, a pasarla bien, a vivir nuestra vida sin que nos interese nada más, venimos a aprender lo que la vida nos enseña y también a dar, porque así se crece. Cuando no estamos haciendo esto todo el tiempo que debemos, generamos deuda. Cuando volvemos a nacer, esto genera determinadas condiciones que no son las más luminosas y apropiadas para nuestros vehículos de expresión, tanto en lo físico como en nuestra inteligencia y estabilidad emocional.

Es mucho lo que afecta el desviar la energía que viene para alimento del espíritu  hacia fines egoístas solo buscando una mejor vida. El pensamiento de muchos es que  a la vida hay que  disfrutarla, no se sabe cuánto dura, entonces parece que hay que vivir  de fiesta.

Obrar de manera egoísta trae sus consecuencias.

Saber que hay una tierra tan generosa en la cual puedo encontrar todo lo que deseo y necesito, y alimentarme de  ello es muy grato, porque no tengo que hacer mucho sacrificio El trabajar la tierra para conseguir mi alimento me habla de un mayor esfuerzo, pero sé que seguramente conseguiré mayor cosecha.

Si tan solo vivimos de lo que la tierra nos brinda sin hacer el esfuerzo de trabajarla, sabemos que en algún momento no tendremos para alimentarnos.

¿Tiene sentido perseguir un sueño o es mejor ser realista?

Es un sueño pensar que tendré buena cosecha si no trabajo la tierra, la realidad es que si no lo hago no tendré nada.

El trabajar la tierra no es tan simple como muchos piensan. Partamos de un ejemplo de lo concreto y material que es depositar una simiente. Esta necesita un tiempo, una estación que le sea favorable, determinada humedad, profundidad, espacio y una tierra específica. Son muchas cosas, a partir de la experiencia se van aprendiendo.

Daniel Ferminades