Aprendiendo del Amor y el dolor.

en Fascículos06 de agosto

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¿Tienen alguna finalidad los procesos de depresión y de angustia que atravesamos, a veces cíclicamente, de tanto dolor? ¿Tenemos algo que revisar, por qué se repiten?

No puedo decir que el dolor tenga una finalidad, pero su objetivo al llegar a nuestra vida es intentar dejarnos la ense­ñanza que el amor no consiguió dejarnos primero.

El amor nos visita y está a nuestro alcance, siempre.  Es una posibilidad para nosotros, siempre, llegar a través de él a todos nuestros objetivos, realizar nuestros trabajos o ver el mundo que nos rodea.  Muchas veces no hacemos esto. Con mucha más frecuencia de lo que pensamos no atende­mos al amor, y la consecuencia es el dolor que llega a noso­tros por lo que estamos haciendo.

El dolor no es algo que deba visitarnos con frecuencia o cíclicamente,  si comenzamos a prestar una atención más consciente a lo que estamos haciendo.

El dolor que se genera por el obrar propio es la consecuen­cia de un obrar equivocado. Muchas veces tendremos que pasar por sentir dolor por lo que otros generan en su obrar injusto. Pero cuando empe­zamos a ver  la vida con un amor más elevado y no desde nuestro amor propio -que es muy limitado y pequeño- enten­demos que el dolor que se siente cuando hay un obrar injusto en la otra persona, es por lo que él está haciéndose a sí mismo más allá de lo que me ocasione. Entonces, ya no es un dolor por consecuencia del obrar equivocado de mi parte, sino que es el que siento por el prójimo al ver que no puedo ayudarlo o consolarlo en el dolor que sentirá cuando tome conciencia de lo que ha hecho. Esto parece ser algo imposible de alcanzar, de ma­nifestar, o que no resulta muy sencillo, pero seguirá pare­ciendo imposible mientras no hagamos el intento de sen­tirlo, de vivirlo, de salirnos de nuestro centro, de nuestra visión egoísta o limitada.

Daniel Ferminades.

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