Cómo acompañar a los niños de hoy   

Artículos - 07 de noviembre

Los niños van naciendo sin muchos de los velos que impiden o limitan acceder a la memoria del espíritu….

Hay muchos niños que la propia ciencia ha nombrado: niños índigo, cristal, arco iris, y esto obedece a que algunas personas que pueden observar su aura y energía, han visto estos colores presentes en esos niños.  Son más inquisidores, quieren saber sobre cosas que a su corta edad que no tendrían que estar preguntándose  y sin embargo lo hacen. Tenemos que ayudarlos a entender desde la capacidad que ellos tienen para asimilar. No se les puede hablar como a un adulto y tampoco es bueno ocultarles cosas y desviarles la conversación, porque son inteligentes y se dan cuenta de que tratamos de eludir las respuestas.

Debemos encontrar las palabras para ayudarlos a comprender y no generarles otro tipo de inquietudes.  Les podemos hablar de cosas que pensamos, que creemos y entendemos, pero ellos tienen que jugar y entretenerse para, a través de esto, entrar en contacto con la realidad del mundo.

Es importante que el niño juegue, que se haga preguntas y es importante que se cuiden los ambientes en donde se encuentra. Es muy común que él esté con sus juguetes y los padres estén hablando de cosas que a veces  ni los adultos entienden. Él está escuchando, está atento a todo y termina haciéndose preguntas por lo que escuchó de los adultos. Tenemos que cuidarlos, tenemos que cuidar lo que les transmitimos.

 El rol de los padres.

Traer un hijo al mundo es todo un trabajo. Para algunas madres el dolor del parto puede parecer la peor parte, pero para muchas ese dolor desaparece por el amor de tenerlo en sus brazos. Luego hay que acompañarlos durante mucho tiempo y es constante el cuidado.

Si bien los niños pasan mucho tiempo en la escuela, fuera de casa y lejos de sus padres, el tiempo que sea que puedan estar con nosotros tiene que ser de la mejor calidad posible. Los padres debemos hacer el esfuerzo por cuidar el ambiente en donde se encuentran, cuidar las palabras que se dicen. Esto es posible en la medida en que uno se disponga y encuentre el amor para hacerlo,  debemos acompañarlos de esa manera para que crezcan con tranquilidad, seguridad y firmeza.

Un día comenzará a salir y estará más allá de nuestra capacidad administrar qué hace. Cuando llegue ese momento, en lo posible, tiene que tener ciertas bases para tomar decisiones y aprender a respetar. Eso es lo que le tenemos que enseñar los padres, que aprendan a reconocer y a respetar su individualidad como así como la del prójimo.

Debemos saber transmitirles que todo lo que estén aprendiendo, no importa la edad que tengan, sea en la escuela o en casa, tiene que tener la finalidad de hacerlos mejores personas. Ese tiene que ser su objetivo para que siempre, en la medida de lo posible, pueda hacer sus aportes para el bien de todos.

A todo espíritu que viene a este mundo con un propósito y un objetivo, teniendo cierta conciencia de que es una escuela en donde se viene a aprender, nosotros nos encargamos, como sociedad y como padres, de transmitirles enseñanzas para que aprendan, pero ¿lo hacemos considerando su vocación? Con una criatura de dos años no podemos saber cuál es, pero podemos amorosamente acompañarlos en sus juegos, en sus interrogantes, en sus necesidades y enseñarles que pueden sentirse bien con la vida que tienen, con lo que poseen, para que pueda salir de su interior lo que es de valor en sus vidas. Tal vez, socialmente, no es lo que se busca, pero es una disyuntiva que se presentará en muchos casos y en muchas casas.

Hay que cuidarlos mucho. Cuidarlos en casa, cuidarlos delante del televisor y en la calle. No es impedirles salir sino enseñarles que sepan distinguir qué es lo que deben tomar de la vida y qué no, esto hace la diferencia en nuestra salud mental. En lo físico podemos distinguir qué puede hacernos daño y qué no, pero lo que ingresa en la mente hay que saber seleccionarlo. El mundo está lleno de manjares, pero tenemos que saber tomar lo que nos corresponde. Nosotros como adultos tenemos que distinguirlo para saber tomar lo que necesitamos, ser agradecidos con lo que está a nuestro alcance y eso trasmitirle a nuestros hijos.

 Los niños de hoy

Las cosas que se presentan en la mente de los niños son cada vez más profundas o cercanas a lo que uno entiende tendrían que ser ya de un adulto. Esto tiene que ver con los velos que se han quitado desde hace un tiempo sobre la Humanidad para que pueda tener acceso a conocimientos que estuvieron velados desde siempre.

Los niños van naciendo sin muchos de esos velos que impiden o limitan acceder a la memoria del espíritu. Muchos de estos velos que están corridos permiten entrar en contacto, a muy temprana edad, con las necesidades del espíritu. Entonces se hacen preguntas, quieren obtener respuestas sobre cosas que a esa edad todavía no tendrían que pensar, sin embargo tienen esa necesidad.

El Padre es quien ha quitado estos velos. Los velos no estaban puestos como castigo para limitar a las personas a que alcancen el conocimiento, sino para aprender lo que es justo, y saber distinguir lo que se debe tomar del mundo.

 Trasmitir con las palabras adecuadas.

El Cielo volcó conocimientos y enseñanzas, muchos las están tomando. Creen que porque intelectualmente las distinguen, saben. Pero de saber intelectualmente a convertirlas en conciencia o en sabiduría hay una diferencia y se produce a partir de que el individuo pone en práctica lo que entiende, no todo, sino lo que entiende y lo que está a su alcance.

Esto tiene que ver con el presente. Siempre la tarea de todos y de cada uno de nosotros está clara y manifiesta en el presente que vivimos. Cada situación que nos toca vivir en el presente que nos encontramos, la hayamos buscado o no, es el momento en que podemos y tenemos que tomar una decisión. Podemos hacerlo egoístamente o cambiar esta tendencia y meditar haciendo un análisis del objetivo, de hacia qué nos conduce, tratando de hacer un aporte, de aprender y de hacer las cosas bien.

Siempre que en el presente esté poniendo amor sé qué he de cosechar. Siempre que en el presente esté obrando egoístamente, sé qué he de cosechar.

Estas cosas también son para transmitirles a los niños con las palabras adecuadas. No es perseguirlos, no es estar encima, no es limitarlos  ni cortarles todo lo que están haciendo. A veces que se den un golpe les enseña más que tres años hablándoles. Hay que cuidar el golpe que se van a dar, hay cosas que tenemos que ir viendo en el momento cómo resolverlas para hacer en el presente el mejor aporte.

 El lugar que nos toca

Somos individuos, aunque partes de una Humanidad y como células de un organismo tenemos que tomar conciencia de cuál es nuestra labor. Cuando tomamos conciencia de eso no nos parece mal el lugar en donde estamos y no ambicionamos estar en otro. No nos parece mejor lo que otro hace, sino que damos gracias a Dios por tener la posibilidad de formar parte de él y de poder hacer nuestros aportes.

 Como célula, en el lugar donde la vida me colocó, tengo que hacer y dar lo mejor para que sea útil y tenga sentido mi vida. Estoy en el lugar en el que me corresponde estar.

En la medida en que crezco en conciencia voy comprendiendo otras cosas y  puedo ir colaborando desde otro lugar dentro del organismo, llevando así una vida ordenada. Esto que estoy diciendo es para los padres, que le transmitirán esa enseñanza a su hijo para ayudarle a que encuentre sentido su vida.

Al Cielo hay que traerlo a la Tierra a través de nuestra vida poniendo amor en todo lo que hacemos. El amor es el camino y en un camino de amor no se puede vivir sin él. Cuando yo vivo en amor estoy siguiendo ese camino.

Daniel Ferminades

** El siguiente artículo fue compartido en  la Revisa Yoga+ N° 74  Argentina – Octubre 2017.